62 - VIVIR EL “AHORA”
Sé que este momento, ahora, hoy, es el más importante de mi vida, pues lo tengo en mis manos. No tengo el ayer ni el mañana, sin embargo mi acción, la de este momento, si. Es trascendente y vital: un instante de amor y correspondencia a mi Señor. No hace falta más.
Todos los momentos vividos en el pasado han hecho posible que llegara este, el de hoy, el más sublime, anticipo del cielo en la tierra. Por eso toda mi vida se concentra en el "ahora", y el día de mi muerte -cuando y como Dios quiera-, será otro "ahora" sublime, no muy distinto a este, yo diría, el mismo "ahora", el mismo instante de amor a Dios que materializamos en la relación "intima" del "ahora"; relación que por Su gracia será perpetuada eternamente.
¿No es maravilloso?, no habrá sorpresas si perseveramos. Jesús es y será siempre el mismo Jesús, el que tengo a mi lado en este momento, que me ayuda a vivir la felicidad de un instante irrepetible, que se prolonga si no le fallamos, en instantes sucesivos, y en realidad son el mismo y eterno “presente” en Dios. Toda nuestra existencia se concentra en este "ahora" que vivimos con toda la intensidad posible a nuestra condición humana, en el amor, en la entrega, en la fidelidad a Dios.
“Lo que importa es hoy, hoy quiero a estas personas, hoy tengo a mis amigos que son... hoy he ayudado a... hoy voy a rehacer mi vida en la Misa con el Señor porque Él lo puede todo... hoy voy a decidirme a dejar todo en sus manos y entregarme a la aventura del hoy….”. (Marta Sola)
La vida es un suspiro, un instante, no nos damos cuenta y ya ha pasado, un tiempo demasiado corto para pensar que, viviendo el “ahora” por lo único que merece la pena, Dios -solo mendiga un suspiro de enamorado-, se convierte en una eternidad de amor. Pero se nos acaba el tiempo y ¿cuanto amor hay en nosotros?, ¿le hemos dedicado ese instante que es la vida? Hagamos todo por amor. Hagámoslo “ahora”, es nuestro momento.
¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?
¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!
¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!
(Lope de Vega)
Hoy mejor que mañana, hemos de luchar contra lo que se opone al amor, y en primer lugar está la soberbia, la comodidad -que es falta de amor-, la pereza -que también es falta de amor-... Nuestras mezquindades en esta vida no compensan, nos amargan, nos apartan de Dios, nos roban el instante, se nos pasa el “ahora”. Huir de la vida rutinaria que nos impide vivir el “ahora” que tenemos en nuestras manos, con toda la intensidad y la pasión de un ser que anhela el Amor verdadero para siempre.