58 - EL PROGRESO NOS LIBERA..., ¿DE DIOS?

 

 

La ciencia avanza.

La autosuficiencia humana es mayor.

Somos más libres.

Podemos prescindir de Dios....

 

El progreso nos libera…, de Dios

 

Parecemos jóvenes dieciocho añeros deseosos de pasar de los "viejos" y montarnos nuestra vida, a nuestra manera. Es un delirio.

 

Y, ¿quien paga las consecuencias de esta deseada mayoría de edad?

 

Nos encontramos ante una liberación mal entendida, por lo menos, mal enfocada, que puede tener unas consecuencias dramáticas para la especie humana. Quizás estemos creando un mundo moderno "totalizador", en el que se pretenden resolver “todas nuestras necesidades”, a la manera de determinadas ideologías, conocidas y superadas, sin querer ver que estas necesidades están cubiertas por Dios, que nos las brinda en la propia naturaleza creada, siendo nuestra misión mejorar, adaptar y canalizar ese medio físico, psicológico y espiritual en el que vivimos.

 

Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan.

Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.

Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste,

¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?

No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos?”

(Mat. 6, 28-31)

 

Si nos creamos nuevas necesidades, a veces contrarias a la "ley moral", que rige toda acción humana, estamos desvirtuando la esencia de la creación, haciendo un mundo con unas tendencias diferentes a la base que lo sustenta. Se producen alteraciones, anomalías, disfunciones, que la naturaleza no puede asumir y nuestra cabeza menos. Nos volvemos agresivos, conflictivos, intransigentes, educamos a nuestros hijos en el consumismo, sin valores morales, en el bienestar material sin límites, no en el bienestar espiritual que lleva al psicológico; nos enfrentamos a luchas entre nosotros por motivos mezquinos, a veces parecemos una jauría de depredadores peleando por un trozo de carroña.

 

Analizando fríamente este comportamiento en la sociedad moderna, podemos descubrir actitudes que en nada respetan la dignidad humana, que llevan al fanatismo, a la superstición, a la vida animal más que a la vida humana…. Una vida humana de personas nobles, que progresan de forma inteligente en una sociedad fraterna, donde los individuos se respetan, que mira a Dios con agradecimiento por los bienes recibidos, comenzando por el de la vida, y con la esperanza puesta en Él.

 

Las situaciones que genera un progreso sin Dios, en personas de todas las edades, pueden ser muy negativas. Frente a problemas que surgen en la vida, estas personas no ven soluciones porque el mundo no las ofrece, falta el apoyo, la mano firme donde asirse; entonces viene el derrumbe y la depresión…. Me explico:

 

- No se habla de la muerte porque se la ignora. Cuando una persona se aproxima a ese momento ¿Como afrontarla?

 

- Se busca el bien de la pareja y los hijos a veces son un estorbo. Algún niño se sentirá un estorbo no deseado ¿Cómo reacciona ante sus padres?

 

- Se encumbra la libertad de hacer lo que uno quiere. Esto está reñido con la responsabilidad de hacer lo que uno debe.

 

- Se transgreden normas de la naturaleza que originan nuevas enfermedades. El mundo no tiene respuesta, pues considera que la ciencia todo lo puede.

 

- Se colocan al éxito, al poder y la riqueza como objetivos principales en nuestra vida. Somos innumerables millones de fracasados.

 

- El egoísmo humano, sin Dios, lleva a la búsqueda del bien de uno mismo y su grupo, en detrimento del bien de todos sin distinción. Esto genera unas atroces desigualdades, humilla a la persona, y crea un caldo de cultivo de potenciales delincuentes y terroristas.

 

- Etc.

 

Esta evolución genera el individualismo, la búsqueda del éxito y el placer a cualquier precio, una sociedad competitiva y materialista que prescinde de toda moral y deja unas secuelas difíciles de curar. Si a esto añadimos la exigencia perfeccionista de los que buscan un mundo tan ideal como utópico, terminaremos todos enloquecidos. Por estos caminos, el hombre nunca encontrará su identidad, porque ignora donde buscarla.

 

Los cristianos debemos ser fuertes ante esta avalancha. A mi me gustaría que todo esto no me afectara, pero la sensibilidad me traiciona. Sería inhumano pasar de largo, pues es mi mundo, mi gente, mis hermanos… Es el momento que me ha tocado vivir y aunque poco puedo hacer yo solo por esta generación, con la ayuda de otras personas y sobre todo, con la ayuda de Dios, podremos cambiar el signo de estos tiempos. Hay que rezar y actuar. Hay que superar los obstáculos, del tipo que sean, la depresión, que todo lo complica, no puede hacer acto de presencia.

    

No debemos caer en la depresión fomentada por este mundo materialista, exigente y estresante. Tenemos que pedir insistentemente a Dios "un corazón puro" en el que no quepan esta ni otras cuestiones igualmente negativas, solo Él tiene cabida. La depresión -una de las enfermedades de nuestros tiempos-, hace más costoso el ánimo para seguir en la lucha diaria, nos arrastra hacia la dejadez y la apatía. Por eso, la lucha contra la depresión, poniendo los medios necesarios, nos hace más meritorio ante Dios el trabajo bien hecho, las labores ordinarias, la ayuda a los demás, el esfuerzo mental para estar en las cosas, en las conversaciones, en el ambiente cotidiano diario. Hay que aprovechar esta fuente de gracia y ser constante para superarlo.

 

Esta y otras enfermedades -el sida, enfermedades inmunológicas, de transmisión sexual…- ponen a prueba la respuesta del ser humano ante Dios y la naturaleza creada. Puede ser una respuesta humilde de reconocer nuestras desviaciones respecto al Plan Divino, o una respuesta soberbia del hombre frente a Dios.

 

En el primer caso, no basta una respuesta filosófica si no va unida a una confianza filial en Dios, en su Amor y en su Sabiduría, con la certeza de que “todas las cosas contribuyen al bien de los que aman a Dios”, y que “los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros” (Rom 8, 18).

 

Si por el contrario, nuestra respuesta es de confiar exclusivamente en el hombre, erraremos, pues el hombre culpable de transgredir las leyes naturales en vez de buscar su perfeccionamiento, no puede luchar contra las consecuencias de esta trasgresión sin los medios que Dios ha puesto a nuestro alcance: fomentar el hombre virtuoso, responsable, conocedor de sus limitaciones, en búsqueda de la verdad, aunque conlleve esfuerzo, un ser humano sacrificado y luchador por el bien de todos.

 

- Un psiquiatra, no puede devolver la salud mental de una persona con claros problemas existenciales, si no le infunde esperanza fundada en el verdadero destino del hombre y en la Verdad de la vida.

 

- Un médico no puede prevenir del sida, si no convence del recto uso de nuestro cuerpo, en el que el placer es un regalo de Dios por el bien del amor, no un instinto incontrolado.

 

- Un educador debe inculcar el verdadero sentido a la vida, que llene y satisfaga, de manera que no sea necesaria la búsqueda de nuevas y peligrosas emociones.

 

- No se puede curar la ansiedad ni la depresión si la persona está inmersa en una maquinaria estresante -fruto de la vorágine del mundo actual- de la que no puede salir.

 

- Los políticos no pueden traer la paz si no inculcan una verdadera fraternidad entre hermanos, pueblos y naciones, basada en la justicia y la dignidad de cada persona: todos somos hijos de Dios e iguales ante Él.

 

Dios ha creado el mundo, ha perfeccionado a los humanos dándonos un alma espiritual e inmortal, y por los méritos de Jesucristo, el título de “hijos suyos, Hijos de Dios”. Nos ha revelado lo suficiente para llegar a Él, conocerle, conocer el sentido de esta vida, nuestro destino y el camino para llegar a ese destino. En lenguaje moderno, nos ha dado el “manual del fabricante” de la vida y el “manual de mantenimiento” de nuestra existencia. ¿Qué más queremos?, seamos inteligentes a la manera de Dios, no a la nuestra, y actuemos como tal. No hagamos el avestruz. Estamos a tiempo de volver a empezar, pensar, meditar y proseguir, variando el rumbo, a veces, solo un ligero toque de timón es suficiente.