54 - JESÚS VIVE EN MÍ.
Somos "hijos de Dios" por los méritos de Jesucristo, y Él que todo lo puede, ha querido desde siempre vivir en nuestra alma.
Todos los problemas psicológicos y personales no tendrían razón de ser si comprendiéramos y actuáramos según esta realidad. Como nos dice San Pablo ".. no vivo yo, es Cristo quien vive en mí…" (Gal 2,20). Mis actos son actos de Jesús, con mis imperfecciones, pero Jesús es quien actúa. Si un cliente me llama por teléfono, no soy yo quien responde, es Jesús, con mi voz, con mi inteligencia, con mis modales (no muy buenos).
Tengo que identificarme con Él de tal forma que no piense nunca en mí, en mis cosas, en mis problemas, en mis enfermedades, en mi estado de ánimo..., todo lo lleva Jesús, y Él lo resuelve mejor que yo, Él me libera de preocupaciones inútiles, del ¡que diré!, de como resolver este asunto, de mis nerviosismos...
Sinceridad y docilidad, confianza y abandono, este es el secreto.
Pero Jesús es perfecto hombre, y cuando rezo intentando hacerlo como mi Dios.... ¡Imposible!, es agotador ¿Como rezaría Jesús un Ave Maria a su Madre? Mis obras son sus obras, mi actuar, el suyo...., todo me parece un disparate de tal calibre que.... ¡No es un disparate!, lo dice San Pablo. ¡Ah!, San Pablo es San Pablo, pero ¿yo? Bueno, San Pablo también luchaba contra cosas vergonzantes, es hombre, como yo, tentado por todos los lados por Satanás, "…veo otra ley en mis miembros que lucha contra la ley de mi espíritu y me esclaviza bajo la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Infeliz de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte...?" (Rom, 7,23), pero insisto, es San Pablo y él confiaba y se abandonaba en Dios y su debilidad era su fortaleza, "-Te basta mi gracia, porque la fuerza se perfecciona en la flaqueza-. Por eso, con sumo gusto me gloriaré más todavía en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo" (2 Cor 12,9).
Identificarme con Cristo, en todos los momentos de la jornada, momentos prosaicos, intrascendentes, sin importancia..., difíciles..., no le importa al Señor la dificultad, es Él quien actúa en mí si de verdad estoy en comunión con el Amor que me tiene, y le correspondo con mi pequeñito amor -que tiene que crecer-, y nada de este mundo me interesa, solo su Amor. Con Él todo lo puedo porque no soy yo, sino Jesús que me busca y quiere habitar en mí. Yo no existo, mis depresiones tampoco, mis caprichos no existen, mis comeduras de coco tampoco, mis, mis,..., solo existe Jesús en mi. Yo soy otra persona, y por supuesto, Jesús es mucho mejor que yo en todos los aspectos.
¡Que alivio!, esta vida ha sido un mal sueño hasta que he descubierto esta realidad: Jesús en mí, queriendo volcarse, ayudarme, llevar mi carga. Yo sin darme cuenta y Él, mi Dios, suplicándome cariño. Intento responderle lo mejor que soy capaz, pero me veo tan poca cosa. Menos mal que Él me da lo que me falta, y le hacen gracia mis torpezas, porque en el fondo, no le importan, cuenta con ellas.
La vida de Cristo se repite en mi vida, pero con mis deficiencias.
No quiero ser una carga, ya lo he sido bastante, con mis pecados, y mis infidelidades. Quiero que sea Jesús quien descanse en mí, hacer mi hogar confortable para que su estancia sea un bálsamo en sus heridas, las que le hemos causado y le causaremos, quiero compensarle, aligerarle la carga tremenda de nuestros odios, desprecios, indiferencias..., ser su consuelo, mostrarle todo mi cariño, mi torpe cariño, enseñarle mis cosas, contarle mis ilusiones, mis proyectos, mis aficiones..., que a partir de ahora sean sus cosas, sus ilusiones, sus proyectos, sus aficiones..., ya que yo desaparezco y es Él quien habita en mi.
Dame fe, Señor, una fe grande, para entender que todo esto no es un sueño, que es una realidad,
Tú vives en mí, y te agradezco infinitamente esta predilección por las criaturillas, totalmente inmerecida.
Quisiera de verdad hacer la voluntad del Padre, imitándote a Ti en todo, de forma que me sea más fácil dejarte hacer a Ti en mi,
pues nunca serás un extraño en mi casa, más bien, el Señor de mi humilde casa, acomodada a tu gusto para que no te canses de mi, para que nunca me dejes, aunque yo sea de poco fiar y te traicione.
Ten seguro que aun si llegara ese caso, no podría vivir sin Ti y volvería suplicando Tú perdón para poder acomodar mi casa de nuevo.
En la práctica, os lo puedo asegurar, no es fácil dejar actuar al Señor en nosotros, pero reconozco que es una delicia, me da una seguridad enorme, le pregunto continuamente ¿como harías este tema, o con este hijo, o esta gestión?, enseguida me responde, o lo soluciona directamente. Pero por otra parte, es exigente, la jornada cansa, aunque la sensación al final del día es de una enorme paz, al estar convencido de hacer la voluntad de Dios.
Muchas veces no tengo claro lo que Él quiere, entonces le digo: ¡bueno!, ¡Tu verás lo que haces!, y continúo según pienso que me pide. Cuando me olvido por un momento de que Él está a mi lado, pierdo con facilidad el control, y actuó como si no fuera mi Señor el que actuara, y lo hago a mi manera, me vuelvo egoísta, pienso en mí más que en los demás y rebrota el yo que no quiero. Rápidamente corrijo rumbo y le pido perdón al Señor. Resulta que en ese momento le había suplantado y no le dejaba actuar, lo hacia yo a mi manera.
Pero Él tiene mucha paciencia conmigo y recomenzamos. Y seguimos sintiéndonos mirados, acompañados y embargados por nuestro Padre Dios.
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