51 - NECESITAMOS SOSIEGO
Si no, nunca encontraremos a Dios, y si nos cruzamos con Él no le veremos, no nos pararemos a preguntarle ¿quien eres?, a escucharle.... Vamos demasiado deprisa, estamos inmersos en la sociedad que todo lo consigue sin esperar, en la sociedad del activismo, del ¡quiero! ¡Ya lo tengo! Quiero hacer esto, tener aquello ¡lo tengo, ya está!, casi al instante. Quiero ver eso, ¡ya lo he conseguido! y puedo verlo. Quiero tener esta información, ¡ya la tengo!. Quiero experimentar esta sensación, ¡ya está!, lo tengo a mi alcance... El gusto, el placer, el capricho, todo en nuestras manos. ¿A donde llegará esta sociedad hiperactiva e irreflexiva?.
Profesionalmente es un avance tremendo la facilidad de obtener información, las comunicaciones, las nuevas tecnologías..., todo esto se hace necesario en nuestro trabajo para ser eficaz. Pero ¿humanamente también hemos avanzado?.
Creo que no. Esta facilidad para satisfacer nuestro deseo nos hace más autosuficientes e individualistas, nos necesitamos menos unos a otros, habiendo sido creados sociables e interdependientes; nos hace más egoístas, pues en vez de ayudarnos nos utilizamos; no reflexionamos suficientemente porque no tenemos tiempo, todo va muy deprisa, nuestro ritmo es frenético y nos creamos unas dependencias que habría que catalogarlas como una droga más de nuestro tiempo.
Hasta hace poco se decía "querer es poder", y se hablaba de personas que se esforzaban para conseguir un objetivo, una meta en la vida. Hoy se dice "querer es tener", quiero y lo tengo "sin esfuerzo", entonces, ya no me importa el futuro, ya no tengo que esperar, todo puedo vivirlo "ahora" ¿a que esperar?. La vida se comprime, parece que le faltan horizontes, pero no importa, no se necesitan, hoy "a tope" y mañana no me importa. No damos tiempo a que arraiguen en nosotros los principios del bien que forman nuestra personalidad, por eso somos como veletas movidas por el viento, a su antojo, siempre ocupadas en "moverse" al ritmo de los demás, sin voluntad propia.
No hace muchos años la vida era menos trepidante, abundaban los momentos de reflexión, de descanso para la mente y el espíritu. Hoy día, se hace más difícil encontrar estos momentos en los que uno forja su alma en aquello que de verdad importa, pero son totalmente necesarios si no queremos ser engullidos por la maquinaria imparable del activismo irreflexivo.
Necesitamos sosiego, paz en el espíritu, contemplar nuestro entorno y pensar ¿que mundo dejaremos a nuestros hijos?, porque hay que tener en cuenta que no heredamos el mundo de nuestros padres, más bien, tenemos prestado el mundo de nuestros hijos. Dios me preguntará al final de mis días en la tierra ¿donde están los que te he dado? ¿Que mundo les has dejado? ¿Cual ha sido tu contribución en crear un mundo mejor para los tuyos?.
Sosiego, estamos a tiempo de poner calma en nuestro ambiente, de serenarlo, de recuperar viejos hábitos, de dialogar, de cortar la incomunicación entre nosotros, de apagar televisores, móviles, ordenadores, consolas..., y encender nuestro interior para escucharnos, que es mucho más apasionante que toda la parafernalia atosigante que se cuela en nuestra intimidad invadiéndolo todo, sin dejarnos ni siquiera mirarnos por dentro. Porque una vez limpio de todo eso, nuestro interior es una maravilla, y el de nuestros hijos, y el de los nuestros, y como decía, mucho mas apasionante.