48 - DEJAR HACER A DIOS
Dejar hacer a Dios en nosotros. No es fácil, porque para que Dios actúe con eficacia en mí, tengo que estar desprendido "de todo". Y si me desprendo de todo, ¿que queda?: “mi nada”. ¿Dios quiere “mi nada”?. ¿Hacer su voluntad con “mi nada”?. Si estoy desprendido de todas mis cosas, nada puedo hacer. Pero Él si, Él puede mucho más. Él a "mi nada" le pone "todo". La Virgen María no dijo al Ángel "haré Su voluntad", le dijo "hágase en mí...", dejó hacer a Dios, se hizo su esclava, le entrego "su nada". Dejar hacer a Dios en mí. Ideal noble, respuesta valiente. Pero mi entrega es muy imperfecta, no soy capaz de darle al Señor "todo", siempre me quedo con “algo”, por eso mi nada no es tal, pues me aferro a ese algo para no entregárselo al Señor, porque estoy apegado a él. Ese algo, puede ser de vital importancia para mí -eso pienso- o puede ser un pequeño capricho o placercillo que me cuesta entregar. Todo a su tiempo. No es fácil abandonarse totalmente en las manos de Dios para hacer “solo” su voluntad. Eso es la santidad, personas enamoradas y voluntades recias, que expían sus faltas en la confesión y recomienzan. Cuando de verdad me convenza de que es absurdo mantener esos apegos, casi siempre pequeños e insignificantes, pero apegos, y decida renunciar a ellos, ¡que peso me podría quitar de encima!. Seguro que me sentiría más ligero, como un ave que remonta el vuelo, liberado del lastre -poco o mucho- que le impedía despegar. Tengo la experiencia de haberme despegado de algún afecto que tiraba de mí hacia abajo, y al momento Dios rellenaba ese hueco con sus dones acompañados de una gran paz. Pero yo soy mi principal enemigo. Quiero que muchas cosas salgan a mi manera, me cuesta admitir las contradicciones, como si yo fuera la medida de todo. La soberbia me impide el abandono en el Señor, no actúo como si fuera Jesús quien actúa en mí. Quiero hacer su voluntad, pero a mi manera, no soy dócil en la dirección espiritual, sabiendo que el sacerdote o persona que me ayuda en mi camino es la que Dios me ha puesto al lado. Los pequeños apegos son la causa que hace insuperable este amor propio, impidiéndome despegar. Necesito un examen profundo y sincero, mirando fijamente la Cruz de Cristo, y considerando que estas son mis cruces y que puedo con ellas si le sigo a Jesús y no me desvío de su senda. Este camino es largo y se avanza poco a poco. Lo importante es no dejarlo nunca, siempre hay aspectos que mejorar en nuestra vida interior, y poner en ello nuestra lucha diaria, constante, con decisión y sabiendo que nos jugamos mucho: nuestra felicidad. “No se haga mi voluntad, sino, la tuya...” Oraba Jesús al Padre en Getsemani. Dejar hacer a Dios en nosotros a imitación de Jesús, de la Santísima Virgen, ofrecerle "mi nada" para que ponga su "todo" en mí. Es tarea de toda una vida, y nos moriremos intentándolo, pero teniendo la seguridad de que Jesús nos recibirá con una sonrisa de complicidad, y comprensivo con nuestras debilidades.
|