47 - EL INFIERNO COMIENZA AQUÍ

 

Me encontraba asistiendo a la misa dominical de un pueblo castellano, el sacerdote en su homilía nos suplicaba: "Decid a los políticos que cuanto más alejen al pueblo de Dios, mayor es el infierno en esta tierra".

No he dejado de pensar en la frase "terrible", pero al mismo tiempo, "real" como la vida misma; cruda realidad en demasiadas épocas de la historia, que se repiten y mal terminan. Pero el ser humano siempre vuelve a Dios después de una amarga experiencia, si no ha fenecido en ella, pues las locuras de los hombres son dramáticas cuando nos apartamos de Dios.

Sobran ejemplos en esta época que nos ha tocado vivir. No es correcta una política encaminada a lograr los derechos humanos más elementales favoreciendo a los más débiles a costa de eliminar su moral y su fe. La lucha política por lograr el bien común es contra la corrupción y el despotismo, no contra las ideas, ni contra la fe popular humilde y normalmente muy enraizada. Rechazar la idea de un Dios Creador por ideología, por conveniencia, porque de esa forma se hace más fácil el dominio de una masa descreída a la que se le inculca una nueva fe en fines ideológicos de grupo..., termina siendo un infierno de lucha de intereses, sin cuartel, sin moral, donde la verdad está al servicio de lo que conviene al grupo, donde todo se relativiza y...., todo vale.

El infierno no ha sido creado por Dios, es un estado de rechazo de la gracia de Dios. Quien en esta vida se obstina y persiste en ese rechazo, ya está viviendo un infierno, y permanecerá así en el tiempo para siempre si no cambia de rumbo antes de que su libertad de elección termine con la muerte terrenal. Los ángeles caídos hicieron un mal uso de la liberad que Dios les había dado, rechazándole por envidia y soberbia; desgraciadamente muchas personas también recorren el mismo camino en este mundo: los que le niegan, actúan como si Dios no existiera, militan en ello, sacan y apoyan leyes contrarias a la naturaleza creada y se obstinan con tozudez en luchar contra Dios, esos no formarán parte de sus elegidos. Vivirán un mundo en el que no existe la felicidad para la que Dios nos ha creado. Estas personas tienen mucho poder y capacidad de arrastrar a las masas, que somos nosotros, a veces un poco incautos. Anhelan ese poder de dominio sobre los demás, favoreciendo a los suyos en perjuicio de otros -la inmensa mayoría-; y, como no tienen una ley moral, imponen la suya, injusta por naturaleza, pretendiendo exigirla a los demás. Este, no es nuestro camino.

No es preciso que los gobiernos adopten una religión como oficial del estado -contraproducente en muchos aspectos-, solo es preciso que respeten los valores éticos y morales, base de una política de consecución del bien común y no del bien de unos pocos. La frase del cura de ese pueblo castellano, se palpa hecha realidad en sociedades materialistas, corrompidas por la inmoralidad, sin valores espirituales, en busca de un bienestar al que nunca se llega por ese camino de infelicidad, que no satisface ni llena nuestras ansias de eternidad. Es el camino de la frustración continua, el mismo infierno anticipado.

Por suerte, mientras somos peregrinos por este mundo, podemos volver al Padre, que nos recibirá con los brazos abiertos, siempre dispuesto al perdón en el sacramento de la penitencia, por muchas barbaridades que hayamos cometido. Podremos iniciar una vida nueva, hasta que Dios nos llame a su presencia. También podremos contestar, como la beata Madre Teresa cuando le preguntaban ¿por que está usted siempre feliz y sonriente? A lo que respondía ¿es que existe otra forma de vivir?. Nuestra vida será una, la felicidad, luchando en este mundo y para siempre en el cielo. Dios no ha creado otra forma de vida. La infelicidad la creamos nosotros, que en definitiva somos los hacedores libres de nuestro destino.