43 - VERDADERO HOMBRE

 

Dios ha querido ser verdadero hombre como nosotros, en todo. Pudo aparecer en el mundo espontáneamente, pero prefirió nacer de mujer: "fue hecho de mujer", dice San Pablo. «El que es Dios verdadero nace como hombre verdadero, sin que falte nada a la integridad de su naturaleza humana, conservando la totalidad de la esencia que le es propia y asumiendo la totalidad de nuestra esencia humana... para restaurarla» (liturgia de las horas)

Jesucristo es verdadero Dios y, desde la anunciación de María, verdadero Hombre, y así permanece para siempre, encarnado en una naturaleza humana. Se hizo hombre para revelar el eterno amor del Creador y Padre, así como para manifestar la dignidad de cada uno de nosotros; ha devuelto a la descendencia de Adán la semejanza divina, deformada por el primer pecado. Con este abajamiento, Dios ha hecho más fácil el diálogo del hombre con Él. Desde entonces, trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre; se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejante en todo a nosotros excepto en el pecado.

Jesús, además, es "perfecto hombre", con una sensibilidad mucho más aguda que la nuestra, en el sufrimiento por nosotros, en el amor, en la entrega, en darlo todo sin reservas... ; ante la muerte de Lázaro llora con dolor agudo, se conmueve ante el dolor ajeno como nadie lo puede sentir, se apiada de los enfermos y los cura, perdona a los pecadores y los sana, a la adúltera..., es extremadamente compasivo con nuestras debilidades, sensible a las injusticias, porque Él es justo…

¡Como no vamos a intentar imitarle!. ¡Como no vamos a ponerlo de modelo en todo!. Un Dios Creador de este mundo y de cada uno de nosotros, que viendo lo descaminada que iba la humanidad, se apiada y se hace hombre como nosotros para abrirnos los ojos y mostrarnos el camino de la Verdad y la Felicidad. ¿Somos tan orgullosos que no admitimos esa realidad?. Mis planes han cambiado TOTALMENTE desde que Cristo se me mostró como hombre, hombre como yo, y me dijo cual era el verdadero camino, el camino de la felicidad. Nadie en toda la historia de este mundo me ha mostrado la Verdad tan claramente, con un testimonio y ejemplo personal tan maravilloso: ningún profeta, ningún sabio, ningún filósofo o pensador, ningún político, ningún héroe del signo que sea… 

La asunción de todo lo humano y noble por el Hijo de Dios (el trabajo, la amistad, la familia, el dolor, la alegría...) nos indica que todas estas realidades han de ser amadas y elevadas; lo humano se convierte en camino para la unión con Dios. Llora al contemplar Jerusalén en medio de la alegría de su entrada triunfal, porque no quiso abrir sus puertas a la misericordia divina; en Getsemaní, sufrió más que cualquier otro hombre por cumplir la voluntad del Padre y sufre en su interior infinitamente más que con los terribles dolores físicos de la pasión.

Nos ha enseñado a “divinizar” todas nuestras actividades, aunque nos parezcan triviales, vulgares o insignificantes. Ha restablecido nuestra esencia humana, haciéndola divina. Lo ha hecho de la forma que solo Dios podía hacerlo: siendo uno de nosotros, metiéndose en nuestra piel para que le miremos de frente, cara a cara y descubramos su verdadero corazón de hombre: tierno, apasionado, bondadoso, compasivo, enamorado… con cada uno de nosotros, buscando nuestra felicidad como el mejor Padre, el más bueno, fiel y poderoso.