40 - ¿CUAL ES LA REALIDAD DE NUESTRO MUNDO?

 

 “El mundo real”, el mundo material, el que vemos con todos nuestros sentidos de la carne, no solo con la vista –imágenes de nuestros ojos, a veces engañosas-, también con los sentidos corporales, algo mermados en ocasiones; ni qué decir del mundo que percibimos con nuestra maravillosa inteligencia, capaz de discernir la realidad con bastante precisión o de ofuscarse con teorías de lo mas peregrinas.

 “El mundo real”, el que es percibido por nuestras capacidades mas perfectas, las que no engañan, las que Dios ha puesto en el ser humano a imagen suya, que están en el alma y en el corazón: el amor, la fe, el bien, la justicia, la percepción de Dios, de Su influjo en los humanos, de su huella en la naturaleza y sus leyes ecológicas, la capacidad de saber leer esa huella, nuestra capacidad de aceptar la evidencia, de unirnos a Dios, de integrarnos en la creación, que continúa, porque somos parte de ella, procreadores y colaboradores de Dios…

 “El mundo real”, el mundo coherente, en el que las potencias superiores iluminan a las inferiores -nuestros sentidos- dándonos una visión completa, más real, más perfecta, más próxima a la Verdad y a la felicidad que anhelamos. El camino hacia esa Verdad es la felicidad aquí, preludio de la felicidad allí, en la Vida que nunca termina.

 “El mundo real”, al que cierran sus ojos, sus oídos, su mente, tantas y tantas personas, que no quieren ver ni oír, porque están llenos de un “mundo irreal”, de fantasías intelectuales -la diosa inteligencia- de seducciones hedonistas -el placer de los sentidos- de poder sobre los demás -fama y dinero-, en definitiva, de soberbia de la vida, que ciega a la realidad de este mundo.

Señor, cuando has intentado explicarnos la realidad, has durado tres años en este mundo, y habrías durado solo uno si no te hubieras escapado de entre sus manos, escondido muchas veces y pedido silencio a personas maravilladas por tu misericordia con ellas. Cuando llegada tu hora has hablado abiertamente, se rasgaban las vestiduras, se tapaban los oídos para no escuchar la Verdad. Te apresaron, te juzgaron con todo tipo de calumnias y te ajusticiaron en la Cruz.

Hoy, en un mundo para ellos más civilizado, volverían a hacer lo mismo. Pero con métodos más sofisticados, y no por ello menos crueles: te silenciarían, te relegarían al olvido, se mofarían de ti, serías proscrito, inhabilitado en cualquier cargo público, tratado como "sin papeles", como un estorbo a eliminar, como un despojo de la sociedad.

A los que pretendemos serte fieles, también nos persiguen, pero no somos tan claros y valientes como Tú. No exponemos la Verdad con tanta sabiduría ni con tanto amor como Tú. Somos más cobardes. Por eso les importamos menos, nos ven más mundanos, menos convincentes, más fácilmente dominables y hasta les damos lástima porque no “disfrutamos de la vida” como ellos -eso creen-, en fin, no damos la talla -salvo excepcionales personas verdaderamente santas que suelen pasan desapercibidas-. Si no fuéramos así, Señor, se vería el “mundo real” con más claridad.

 Por eso, siguen endiosados, sus ideas son "la verdad", porque les conviene a sus bolsillos, a sus intereses, a sus clanes, a su vida disoluta, a su "ideología absolutista", en la que no caben otras ideas, y mucho menos cuando estas ideas delatan  sus mentiras. Porque mienten sobre la Verdad e intentan silenciarla con todos los medios a su alcance, que son muchos. Está claro que la realidad de este mundo no es la que nos venden tantos y tantos políticos, ideólogos, hombres de ciencia, intelectuales, charlatanes de todo tipo..., utilizando ingentes medios para atormentar a las pacientes masas de ciudadanos indefensos.

 “El mundo real” no está fuera de nosotros, lo llevamos dentro y conforma la realidad exterior. Jesús nos ha dicho: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”. (Mat. 5,3), alabando la sencillez interior, sin orgullo, más pura, más real y cercana a la Verdad, porque nuestras acciones son el reflejo del mundo interior que llevamos dentro “por sus frutos les conoceréis”, y con nuestra actitud, hacemos un mundo según el designio del artista -el Creador- o según nuestro designio,  lleno de odios, vanidades e injusticias, que no es el mundo deseado en nuestros corazones porque Dios no lo ha creado así.

 Tenemos que hacer nosotros, cada uno, ese mundo real anhelado, siguiendo los pasos del Maestro, si no, la semilla del mal seguirá generando caos y frustración.