36- JUSTICIA SOCIAL

 

El establecimiento de una sociedad verdaderamente justa, seria una catástrofe para los políticos de hoy. Jesús vino a establecer la verdadera justicia basada en el amor entre hermanos, hijos de un mismo Padre, y eso no interesa a los que ostentan el poder conseguido a base de pisotear derechos de los que no piensan como ellos, de monopolizar los medios de comunicación, de falsear la realidad, de presentar una sociedad justa pero basada en la injusticia. No son hermanos, son enemigos que aspiran al mismo objeto de deseo: el poder de unos sobre otros, la ley del más fuerte.

No interesa una justicia social basada en el respeto y apoyo al débil: respeto a sus creencias, a sus economías rudimentarias pero que le sacan de la pobreza, a una información que le ayude a reforzar sus valores y a progresar en un mundo en vías de globalización. No, interesa la alienación del débil y convertirlo en consumista potencial de los excedentes del mundo desarrollado.

Es un mundo inhumano, que se aleja de su destino en Dios, de los valores del espíritu que deben regir sobre los valores materiales. Solo nuestra capacidad de amar puede frenar este avance. Una labor sacrificada a escala personal que puede hacer temblar a los poderes públicos, a imitación de la beata Madre Teresa.

Seria una utopía pedir virtud a los políticos, pero no seria descabellado concienciarnos de que la felicidad no la da el disfrute de los bienes de este mundo. La sociedad del bienestar estaría en el "bienestar del espíritu" que lleva al bienestar psicológico de la persona y por ende, al bienestar social. Para esto seria necesario inculcar unos ideales nobles basados en el amor, desde la más tierna infancia, por unos padres y educadores que antepongan esta ley por encima del bienestar material.

No solo el cristianismo es una religión de paz espiritual y humana, todas las religiones lo son, y en la educación pública se le debería dar la máxima importancia a la enseñanza de la religión, a cada uno la suya, la inculcada por sus padres o la que elija libremente. Una "escuela de amor al hermano, sea quien sea", creyente en un mismo Dios que se le puede llamar con distintos nombres, adorar de distintas formas, que nos llama a cada uno en su conciencia al amor fraterno, sin fanatismos, a luchar contra el mal interior del odio y la injusticia.

La base de una autentica justicia social comienza por ahí. Los políticos de hoy día están muy equivocados si piensan resolver los conflictos que producen las desigualdades e injusticias dictando leyes opresoras que tratan por igual al desigual en beneficio del "bienestar de los pocos".