32 - SALIR DE UNO MISMO... HACIA EL AMOR

 

 

Cuando sales de ti mismo y haces algo por otras personas, notas como la vida va adquiriendo más valor; un valor que crece en proporción a la cantidad y calidad de compromisos adquiridos con los demás. La persona que vive para sí misma no tiene para los demás valor alguno, pero si se da a otros, su estima aumenta considerablemente, va apareciendo la verdadera entrega, la donación, el amor.

 

Cuando uno se dona a sí mismo, recibe amor, porque esta donación es el autentico amor. Es la persona que se dona toda ella, pues el amor no lo da solo el cuerpo, ni solo el alma, lo dan el cuerpo y el alma de la persona que ama. Ni la carne ni el espíritu aman: "Es el hombre, la persona, la que ama como criatura unitaria, de la cual forman parte el cuerpo y el alma". Sólo cuando ambos -cuerpo y alma- se funden verdaderamente en una unidad, el ser humano es plenamente él mismo, con una capacidad infinita de amar dándose, entregándose plenamente a imitación de Jesús en su vida y muerte en la Cruz, donde Dios se nos da, porque Dios es Amor.

 

"...el amor es ocuparse del otro y preocuparse por el otro. Ya no se busca a sí mismo sumiéndose en la embriaguez de la felicidad, sino que ansía más bien el bien del amado: se convierte en renuncia, está dispuesto al sacrificio, más aún, lo busca...., únicamente de este modo el amor -el eros- puede madurar hasta su verdadera grandeza -el agapé-. Dios nos ha amado primero y sigue amándonos primero; por eso, nosotros podemos corresponder también con el amor. El amor crece a través del amor. El amor es « divino » porque proviene de Dios y a Dios nos une. Amor a Dios y amor al prójimo se funden entre sí: en el más humilde encontramos a Jesús mismo y en Jesús encontramos a Dios..." -Benedicto XVI-

 

Es una gracia especial de Dios descubrir la verdadera esencia del amor, una palabra tan maravillosa y por otro lado, tan manipulada. Si uno no sale de sí mismo, cae en la idolatría del "sexo" sin sentido, o al contrario, en el desprecio del propio cuerpo como pecaminoso. Nada más erróneo. El autentico amor nos hace salir de nuestros egoísmos, con toda nuestra potencialidad corporal y espiritual, sin limites, sin trabas, con imaginación, con espontaneidad y realismo. Nos lleva a volcarnos en los demás a imitación de Cristo, que nos amó primero, pues el amor de Dios -Padre y Madre al mismo tiempo- es la causa creadora.

 

La caridad -el amor más auténtico-, es llevar a Dios a las personas que sufren, pues la raíz más profunda del sufrimiento es precisamente la ausencia de Dios, sin tratar de imponerlo, ya que el amor, en su pureza y gratuidad, es el mejor testimonio del Dios en el que creemos y que nos impulsa a amar. El cristiano sabe cuando es tiempo de hablar de Dios y cuando es oportuno callar sobre Él, dejando que hable sólo el amor, pues Dios es amor "que se hace presente justo en los momentos en que no se hace más que amar".

 

Nuestros hermanos necesitados de cariño y calor, nos esperan. Esperan nuestra ayuda espiritual, afectiva, nuestra entrega, nuestra generosidad -nuestro dinero-, nuestra compañía y nuestros desvelos. Eso no nos deja ni un segundo para dedicarnos a nosotros -no lo necesitamos-, pero recibiremos otro tanto, sin pedirlo, gratuitamente, porque gratuitamente lo hemos entregado.