29 - ASPECTOS DE MI LUCHA DIARIA

 

 

Tengo un gran problema:

 

A veces quiero que las cosas sean de otra forma porque no las acepto como son: Si las circunstancias que me rodean no son de mi gusto, con gran dosis de imaginación y poco de aceptación, intento “auto convencerme” de que los acontecimientos futuros van a modificar esta realidad. Con eso me tranquilizo ante las adversidades y procuro pasar de puntillas sobre este presente  que no me agrada. La falta de humildad me impide ver los hechos como son, de manera que con realismo pueda actuar en consecuencia para solucionarlos.

 

De esta forma, podría pasar la vida en una fantasía permanente, desperdiciando las posibilidades de mejora que Dios me ofrece.

 

Intento cambiar el " chip", procurando ilusionarme por las cosas como son, como vienen: ¿que me reservará para hoy el Señor?... y aceptarlas poniendo los cinco sentidos en comprender y hacer carne de mi carne los designios de Dios sobre mi devenir y el de los míos.

 

Si Dios me trata con suavidad es que poco merezco, pero si me vapulea y me envía circunstancias difíciles, es que quiere probar mis virtudes a fin de fortalecerme en ellas y ser más digno hijo suyo y hermano de las personas que me ha puesto al lado, pero tengo que reconocer que cuesta aceptar el día a día cuando está lleno de contrariedades.  Cumplir la Voluntad de Dios, significa en gran medida hacer bien lo que me ocupa en ese momento, por insignificante o complicado que me parezca, y si no me meto en la realidad cotidiana porque la rehuyo, difícilmente podré agradar a Dios. Mi vida sería un fracaso.

 

¿Como puedo combatir en este terreno?,

 

Haciendo bien, con perfección,

 poniendo el corazón y sobre todo, todo el esfuerzo de mi mente,

  en cada momento de la jornada,

   en lo que tengo entre manos en ese instante,

    cosas, triviales o no, que Tú me envías,

     y yo acepto libremente, tal como vienen,

      y me pides: "eso, hazlo por Mi";

       aunque me cueste más de lo que me creo capaz de soportar,

        pues cuento con Tú ayuda inestimable.

 

                    Gracias Señor porque me permites sufrir por Ti.

                     Las privaciones y sacrificios son mi holocausto a Ti,

                      que se une al único holocausto de la Nueva Alianza: Tu Cruz;

                       con la única víctima que eres Tú.

                        Mi vida entera,

                         contigo,

                          en la Cruz.

                           Sin pensar en mí, solo en Ti, y en mis hermanos, por Ti;

                            siendo en ellos bálsamo que suavice tus heridas,

                             regazo donde reposar tu cabeza malherida,

                              paz que apague las contiendas,

                               caridad que atraiga hacia ti.

                                Poniendo todo el esfuerzo de mí parte,

                                 a fin de ser merecedor de tu constante ayuda,

                                  sin desplomarme,

                                   con fortaleza, constancia y

                                    unido a Santa María.

 

Si así me comporto, sé que a pesar de todo, moriré con este defecto, pero más fortalecido en la lucha por superar mis miserias, más digno de mirarte y contemplar tu sonrisa compasiva de Padre amoroso que todo lo comprende y disculpa.