EPÍLOGO

Reflexiones finales

 

- Esto se ha terminado. Llevamos horas con solo un café, pero… yo, al menos, estoy muy a gusto. A pesar de la terrible claridad con que San Juan se expresa, me han quedado unas buenas sensaciones que no sabría describir. No sé que sentimientos os invaden a vosotros, pero yo no soy la misma persona, no soy el mismo Mikel que ha comenzado una charla informal con Emilio sobre un tema… muy especial, por cierto, pues Dios ha querido que fuera este. Creo que… reflexionaré mucho tiempo, aunque… parte de la reflexión está hecha…, en una clave diferente a la que usaba hasta ahora…

 

- Mikel, - intervengo yo - la curiosidad te ha traído hasta aquí. Yo tampoco soy ningún experto, pero entre los dos y Sara, hemos descubierto un mundo - Mikel se acomoda, como intentando no perder el hilo de mi razonamiento, que por otra parte, solo son suposiciones -.

 

Seguimos ignorando cuando ocurrirá la segunda venida. De todas maneras ahora nos importa menos. Importa más la interpretación a la luz del Apocalipsis de los signos presentes que Dios nos envía, a través de las actitudes de los hombres, y sus repercusiones en nuestras vidas. La historia reciente habla por sí sola, habla de lo que va a ocurrir, pues el género humano tiene un poder inmenso que Dios respeta, y es el uso de la libertad para lo bueno y para lo malo. Además, somos capaces de predecir y poner remedio antes de que sucedan las consecuencias de nuestros hechos, pues conocemos las leyes naturales y sabemos su respuesta.

 

Dios está pendiente de nuestros actos, como un Padre que nos quiere, envía señales que claramente podemos ver y nos sirven de orientación. La mayor parte de estos signos son inspiraciones del Espíritu Santo en nuestra alma, que intuimos e interpretamos; otros signos o señales son externas, en la misma naturaleza, en los acontecimientos que se suceden unos a otros, todos ellos llevan su signo, todos traen un mensaje para nosotros, para cada uno, para toda la humanidad, un mensaje del Creador, Hacedor de la vida, que conoce perfectamente su mecanismo.

 

Un Ser sobradamente cualificado para decirnos por donde falla nuestra intervención, para sugerirnos un remedio. Su lenguaje no es el nuestro, pero somos capaces de leerlo si le escuchamos en las diferentes formas con que nos habla.

 

- Entre los Hijos de Dios, - continúo - la palabra mas fuerte debe ser "por favor" dicha con una sonrisa amable. Imaginaros que toda la humanidad vive en paz, tanto interior (paz del espíritu) como exterior (paz entre los hombres), y nuestros instintos están sujetos a nuestra voluntad e inteligencia, que secundan con libre adhesión el plan divino. Imaginaros que la concordia no se rompe con egoísmos o intransigencias, que las dificultades nos unen como una piña, y las fragilidades personales se superan con ayuda de todos, pues todos somos hermanos en una única familia, una familia universal, hijos de un mismo Padre y Madre…

 

¿Os suena bien? ¿Podría ser así la relación humana en un mundo feliz aquí en la tierra? Por desgracia, es difícil llegar a una situación así, aunque no imposible. Tenemos que insistir. De una cosa estamos seguros, y es que en el Cielo sí existe una vida feliz, y ese es nuestro destino, pero el Cielo empieza aquí, y…. tenemos que intentarlo aquí. Dios nos da suficientes medios para ello, sobretodo a través de la doctrina de su Iglesia, que Él inspira, a unos instrumentos humanos a veces torpes y débiles.

 

- Muy bien, Emilio, estoy de acuerdo, hay que mejorar esto. - Interviene Sara también animada por estos pensamientos. Mikel permanece muy atento - Empezando por nosotros mismos, por nuestro entorno, poco a poco llegaremos a más, y nuestra influencia se dejará sentir. Los cristianos hemos influido decisivamente en la cultura occidental y de otras partes del mundo y no vamos a dejar que se destruya, hay que recuperar los valores que nos han caracterizado, y son la base para humanizar el mundo, para erradicar la pobreza, los odios, las guerras, las enfermedades, extender el entendimiento, la lucha por el bien común en un mundo globalizado, con un mismo sentir, sin discriminaciones raciales, de credo ni sexistas, un mismo corazón que late al ritmo de Dios. Y ese es el ritmo, no otro.

 

- Sara, - replica Mikel - quizás tu ya tengas encauzada tu vida, pero yo no. Este revolcón me hace replantear muchas cuestiones personales, sobre todo de “modus vivendi”, la adaptación a esta vida terrena que todos hacemos más o menos de una forma egoísta: nuestra “intocable” forma de vivir. Sí, eso, “intocable”; no queremos que nadie nos la altere, y yo menos. Me resisto a darle vuelta, como a una tortilla, pero… algo tengo que hacer…, quizás no sea necesario una vuelta completa, solo…  

 

- Mikel, “no padezcas”, como dicen en mi pueblo - le interrumpe Sara - todos estamos aferrados a nuestras cosas, las que hemos podido afianzar después de muchos años de lucha. Unas son buenas, pero otras pueden ser fruto de nuestras manías o egoísmos, de obstinaciones o simplemente de no querer complicarnos la vida. Nuestras buenas cualidades nos pueden ayudar a transformar las demás. Si descubres un tesoro ¿Qué haces? Jesús nos dio la respuesta: “vende todo cuanto tienes y compra el campo donde se esconde”. ¿No harías eso? Piensa si te interesa cambiar algo en tu vida y… poco a poco, a por ello, sin prisa pero sin pausa.

 

- Seguiré tu consejo, Sara. Sabes que siempre me han llamado la atención los misterios de nuestro mundo. He leído, me he informado, siempre descubro algo, pero hoy he descubierto más. No es una cuestión intelectual, es más “vital”, de aceptar una realidad, en una vida que es única, que no se repetirá, y no es para estar tranquilamente esperando que pase de la forma más cómoda. Creo que no soy consciente de que “tengo que centrarme en el único camino”, prescindir de muchas otras cosas que sobran, liberarme, aligerar peso, coger carrerilla… como dice Sara, sin prisa pero sin pausa.

 

- Es un milagro, Mikel - le animo - Dios se ha servido de este improvisado repaso al Apocalipsis para “tocarte” un poquito. Ahora es cuestión de poner los medios y no dejar que se pierda este momento. A mi, y supongo que a Sara también, nos ha tocado bastante en nuestro interior, reconozco que me está haciendo reflexionar… Bueno, ¿hacemos una pausa y comemos algo? La sesión ha sido larga y no vendría mal un refrigerio.

 

- ¿Algo rápido con un poco de vinillo para celebrar este encuentro?, - pregunta Sara, y sin esperar respuesta se levanta.

 

- De acuerdo, pero ligero, no te molestes mucho que, con la cabeza caliente no está el estómago para trabajar, además, se hace tarde y pronto habrá que irse. - le dice Mikel, pensativo, ignoro qué pasa por su cabeza. Mientras Sara nos prepara un picoteo, nosotros guardamos silencio. Yo respeto este momento, no sé si de reflexión o de cansancio. Hay una atmósfera de entrañable misterio. 

 

- Tengo miedo al futuro - comenta Mikel, como hablando para sí mismo, dando a entender que han aumentado sus temores después de la lectura del libro, y prosigue despacio -

 

Comprendo que es duro intuir lo que Dios nos quiere decir con esas imágenes terroríficas de las plagas, los castigos y la última batalla en la derrota definitiva del mal. -Mikel ve estas señales de manera diferente a Sara y a mí. De todas formas también hay escenas muy reconfortantes en estas páginas -. ¿De verdad llegaremos a ver un mundo totalmente distinto, por el que todos los poetas y escritores suspiran e intentan describir, sin mal en nuestra alma purificada, con una felicidad absoluta y sin posibilidad de volver atrás, para siempre…?

 

- Ten fe en la promesa de Jesús. Vive el presente y tendrás dominio sobre el devenir futuro. - Le digo. No me responde.

 

Por fin sale Sara y rompe el silencio con un agradable ¿gustan ustedes?, mostrando una bandeja repleta de ricos sándwiches, algo de fruta y un vinillo de Rioja, buena cosecha que solo tomo en ocasiones y en compañía experta para catar todos sus espléndidos aromas. Poco a poco se anima el coloquio. Mikel va saliendo de si mismo y Sara se muestra muy servicial. Siempre ha sido una buena anfitriona.

 

Pasado un momento la animación es total, el vino hace sus efectos y las conversaciones son de lo más variopintas. En un momento de calma, Mikel, tomando aire de solemnidad, nos interpela diciendo:

 

- Os repito, Emilio y Sara: admito que ha afectado a mi persona todo lo dicho esta tarde, pero sigo pensando en los misterios que se ciernen sobre esas profecías, son muchos y muy difíciles de interpretar, sobretodo a la luz de los acontecimientos ocurridos a la humanidad hasta el momento actual de la historia. Recordad las barbaridades sucedidas en el último siglo, la plaga de la pobreza, los fenómenos climáticos, las nuevas enfermedades, un providencial papa mártir…

 

Me explico: ¿Qué enigma esconde cada suceso natural, social, político, incluso personal? No es casual, tiene un fin, insisto, trae un mensaje que hay que descifrar. Quizás ahí esté la clave del futuro que Dios nos depara, con la colaboración del hombre, para bien o para mal.

 

- Si, - le contesto - pero vemos esos acontecimientos de muy diferente manera cuando son favorables a nuestros intereses o no lo son. No pensamos con objetividad. Nos aislamos en nuestro caparazón escudándonos en un relativismo vergonzante que esconde la cabeza como el avestruz. No captamos hechos que Dios envía así, en ese preciso instante, para nuestro bien, señal inequívoca de que tenemos que corregir rumbo, y… no nos damos por enterados. Somos prepotentes, orgullosos, y aunque estemos convencidos de que colaboramos con la creación y seguimos las leyes que Dios ha impreso en ella, en realidad lo hacemos todo según nuestro criterio, mucho más limitado que el de Dios.

 

Jesús saca bien del mal, envía males que transforma en bienes, porque sabe que puede contar con nosotros, con nuestra capacidad de realizar acciones positivas. Pero solo Él es capaz de hacer esa transformación en nosotros, cuando le correspondemos con nuestro amor, con nuestra entrega incondicional.

  

- Sara escucha callada, no ve respuestas y por eso se lamenta: - Los humanos no tenemos remedio. El mal ha hecho estragos y ha mermado enormemente nuestra capacidad de ser trascendentes, estamos en el nivel cero, no somos capaces de ascender…. - pero se enternece y como buscando una salida, continúa - Tenemos que orar, es decir, esforzarnos por ver a Dios, intentar palparle, pues está a nuestro lado, en cada uno de nosotros, de nuestros hermanos los hombres, de los pobres, de los injustamente tratados....

 

Podemos y debemos expresarle nuestra gratitud a Dios, mostrándonos amables con ellos, cordiales, mostrando nuestra amistad, alegría, optimismo, respeto mutuo... a buenos y a malos sin distinción, sin pensar en nuestros respetos humanos, solo en como actuaría Jesús.

 

Así conoceremos al Creador y nuestra alma estará rebosante de felicidad con el Padre Dios, porque le ha encontrado, porque se esfuerza en intimarle y conocerle más y mas. De otra manera, un alma sin oración sería como árbol sin raíces, no dará frutos y así el espíritu se seca.

 

- Eso creo yo también, Sara, - le responde Mikel - estamos a nivel cero, como dices, y tenemos que subir de nivel. Es difícil porque el mundo nos ha atrapado y no nos permite ver más. Yo, a modo de ejemplo, imagino que existen tres niveles en nuestra percepción del mundo y que conllevan una forma de vida:

 

Nivel uno: Personas unidimensionales: Su vida se centra obsesivamente en una única dirección, un único objetivo, poderosa dimensión que les lleva a un único sitio. Son también unidireccionales, por el camino más corto, siempre el mismo camino. Normalmente esa meta, el final de ese camino es el dinero; solo ansían llegar a poseerlo, sin desviarse un ápice del objetivo, es su negocio, es su cuenta de resultados. Lo demás ni existe, no captan la dimensión que tienen otras cosas, no les interesa, y tampoco son capaces de disfrutar de lo que atesoran de otra forma distinta a la simple contemplación de su tesoro. También suele ser motivo de polarización el poder, el éxito, el placer.... se les podría aplicar el mismo y rectilíneo ofuscamiento.

 

Nivel dos: Personas bidimensionales: Sabios, eruditos, enamorados de la ciencia, del arte, grandes humanistas, buenos profesionales, nobles, comprensivos, entregados a los demás, a causas loables…, todo perfecto humanismo, pero sin la dimensión del espíritu que eleva el alma y la despega del plano terrenal, del plano puramente humano. No ven la trascendencia de sus nobles acciones, el origen de esta bondad suya. Están cerca de Dios, pero no le ven.

 

Y nivel tres: Personas tridimensionales: Tienen la tercera dimensión, son hombres de fe. Saben que todos los dones de este mundo son recibidos y los elevan a Dios, queriendo devolver los frutos de lo que es suyo, de Dios, con la libertad de la criatura enamorada de su Creador. Yo… quisiera estar en este nivel, pero sé que no estoy. Tampoco me considero en el nivel dos, no soy tan buena persona. Pobre de mi… en este momento deseo lo que sé que no puedo conseguir, porque… mis apegos, mis circunstancias, mi… orgullo personal, no me lo permite. Porque mi...

 

- No estoy de acuerdo contigo, Mikel - le corto porque me está poniendo nervioso -, estoy de acuerdo con los tres niveles que has clasificado, pero con esto último, ¡no! Ya hemos comentado durante la lectura del Apocalipsis. Tu mismo decías que “estamos a tiempo de poner calma en nuestro ambiente, de serenarlo, de recuperar viejos hábitos, de dialogar, de cortar la incomunicación entre nosotros, de apagar televisores, móviles, ordenadores, consolas..., y encender nuestro interior para escucharnos…”No me digas ahora que no te atreves, que estás demasiado atado, que tienes miedo. Eso es lo que tienes, ¡miedo! ¿Miedo a qué?, ¿a que Dios entre en ti y te transforme? Puede que mas que miedo sea cobardía. El miedo no lo puedes evitar, pero la cobardía se vence…

 

- Déjalo, Emilio, Mikel sí está en el nivel tres que ha definido tan bien, tiene una fe como una montaña, por eso mismo tiembla y no se considera merecedor de las caricias de Dios. Es observador, inquieto, tiene agudeza mental para comprender lo que hemos leído, busca a Dios y lo ha encontrado, y lo que es más importante, Dios le quiere. - Sara suaviza el ambiente, Mikel se relaja y sonríe…

 

- Perdona, Mikel, no quería ser tan duro. - me disculpo.

 

- No te preocupes, Emilio, agradezco tu intención. Sé que estás en lo cierto.

 

- Mikel ¿que quieres decir con eso de que estamos atrapados por el mundo y no nos permite ver mas? - pregunta Sara

 

- Hablaba de los sucesos que ocurren en este mundo, de los mensajes que nos aportan y no somos capaces de descifrar porque… nuestra autosuficiencia no nos deja ver más. La sociedad actual se está desnaturalizando, hay una agresividad de querer que el hombre viva como un animal, sin control de nuestra inteligencia, nuestro corazón y nuestra fe. El fin es modificar nuestra afectividad, manejarla al capricho de… poderes sabedores de que el hombre se posee a si mismo en la medida que controla su afectividad, pero si esta es controlada por otros, pierde su libertad llegando incluso a ser poseído por ellos. Resumiendo: estamos llegando a ser meros consumistas de lo que las modas, la técnica, el marketing, los políticos y, en fin, los intereses de la “sociedad del bienestar” nos dan. Eso es lo que nos ciega a otras realidades.

 

- Todo eso, Mikel, - interviene Sara - crea en nosotros unos conflictos éticos y morales, consiguiendo que mucha gente tire la toalla y se deje arrastrar. Se hacen flojos, pasotas, sin ilusiones, y terminan ocupando su tiempo en cosas vanas para no pensar. Se convencen de que son los tiempos de ahora, la forma de vida del bienestar. Es una pena porque la reacción se hace cada vez más difícil. 

 

- La cultura tecnológica, Sara, busca un mundo accesible, fácil, al alcance de todos, informado “on line”, sin ataduras; un mundo de posibilidades, un mundo cibernético, irreal, fuera del mundo tangible y por lo tanto, un mundo deshumanizado. - intervengo, siguiendo el hilo de lo que se apunta: la cruda realidad actual - Utilizar con exceso la tecnología tiene sus peligros, siempre se puede terminar absorbido por ella y esclavizado a su servicio. Es difícil que esta nueva cultura tecnológica profundice en nuestra identidad como personas, pues la técnica no pasa de la superficie de nuestro ser, no tiene capacidad para pasar, no es su cometido, se acaba en sí misma, no va mas allá, carece de humanismo, es ciega.

 

La técnica no humaniza al hombre, le ayuda en asuntos rutinarios y le facilita muchas tareas de por si costosas y difíciles, por no decir en muchos casos, imposibles. Sumerge a la persona en el mundo de lo inmediato, de las apetencias, de lo más primario, puede llegar a eliminar nuestro tiempo, la reflexión, la contemplación, el razonamiento natural, espontáneo, sin añadidos, pues crea un mundo nuevo que absorbe toda capacidad científica, artística, humanística y espiritual de quien se sumerge en ese mundo de relativismo y tolerancia en todo, un mundo falso, la ley de la selva, del más poderoso. Crea auténticos expertos del ciberespacio y de la ficción más contagiosa, pero ficción. El apego perverso a determinados bienes materiales y avances de la humanidad va contra la razón, es la causa del sufrimiento humano, de la muerte del alma.

 

- Por eso afirmo - le contesta Sara - que la sociedad que estáis describiendo está ciega para ver los misterios del espíritu, para interpretar los significados de la evolución humana y de nuestra naturaleza. Porque todo cuanto ocurre, por insignificante que parezca, tiene su sentido, lleva consigo un signo, positivo o negativo, que discernimos al momento si tenemos el espíritu abierto a Dios, y este sentido se encadena en nuestra vida como un eslabón mas, no importa cual sea su signo. Cuando el mundo tecnológico haya pasado, estaremos preparados para poner en práctica nuestro autentico espíritu de fraternidad, gracias a la globalización lograda precisamente por la tecnología.

 

- Pero, Sara, -intervengo - no sé si llegará ese momento, porque, como hemos visto, el hombre tiene poder para destruir la humanidad y destruirse a sí mismo. Tiene que echar mano del instinto de supervivencia y autoprotección, de lo que siempre ha aprendido y ha sido educado para poner límites a ese poder. Hoy día es mucho más difícil por el enorme avance tecnológico de los últimos tiempos, y la rapidez de los cambios que han propiciado un gran salto histórico.

 

Todo ello no es asimilable con facilidad, se necesita un autocontrol mucho mayor, es necesario un nuevo replanteamiento del camino que seguimos. Hay que frenar y pensar en un nuevo comienzo, meditar sobre la historia humana para discernir el nuevo rumbo a tomar, sabiendo que nada se va a parecer al pasado. La Creación y la Redención ya están hechas, no podemos fallarle a Dios por segunda vez, no hay segunda oportunidad, con la próxima venida de Cristo termina el ciclo de este mundo. El momento actual es crucial, hemos de eliminar lo caduco y volver a la fe en lo perdurable, en Dios.

 

- ¿Cómo? - interviene Mikel - Las ideologías llamadas de izquierdas, eliminan la fe por decreto, es decir, con planteamientos filosóficos excluyentes. Las ideologías capitalistas, la eliminan por suave aplastamiento, es decir, por asfixia. Ni una ni otra. También, y esto es peor aun, hay actitudes que se aferran al poder, al dinero, a la especulación y a la corrupción, otros se apuntan a planteamientos populistas de luchadores por los más desfavorecidos, prometiéndoles todo, a sabiendas de que no van a cumplir lo prometido. Para ellos mentir, engañar, robar y matar está… dentro de la condición humana, ¡que le vamos a hacer! dicen con sorna. Mientras el mundo esté dominado por estos principios, no podremos avanzar, no habrá paz. 

 

- Tenemos que liberarnos nosotros, - le contesto - esa gente ya caerá, tenemos que ir hacia una espiritualidad sencilla y serena, basada en la paz interior y la unión filial con nuestro Creador, de personas pobres y desasidas de materialismo, que nada tienen y nada necesitan, solo anhelan contemplar el rostro de Dios. África, América del sur y Asia, son la gran reserva de esta espiritualidad que puede salvar a occidente. Pero occidente no puede seguir negando el desarrollo y progreso de estas civilizaciones, aunque solo sea por lo mucho que les debemos y lo mucho que nos pueden aportar. Occidente tiene un bagaje cultural, histórico, de libertad, de justicia, filosófico, de fe misionera, científico…pero, Roma cayó por desidia materialista y hedonista. Tenemos que “renacer”.

 

- La gran familia de los hijos de Dios, - interviene Sara algo excitada por lo que vislumbra - ya lo decía Emilio, todos los humanos hermanados en una única voluntad: la de un Dios Creador, al que todos adoramos de muy distintas formas. Esto que en teoría no parece difícil, en realidad sí lo es, y mucho, una pena. Pronto surgen los recelos tribales, los clanes antagónicos, los nacionalismos temerosos de los demás, el miedo al inmigrante, intereses de grupos…, que dificultan enormemente la conclusión de un único latir de nuestros corazones. Sin embargo los signos actuales van en ese sentido: en el de limar diferencias, aceptar lo bueno de otras culturas, aceptar y respetar otras formas de pensar que aportan soluciones diferentes para cuestiones temporales, descubrir la enorme riqueza de nuestra variedad, de nuestras diferencias…

 

El avance tecnológico, como decíais, nos ha encerrado aun más en nuestro caparazón, pero también nos ha abierto un mundo de conocimiento, ha descubierto la intimidad de nuestros hermanos los hombres de otras culturas, nos informa de sus necesidades, permitiendo acudir en su ayuda o admitirlos en nuestra comunidad como a unos hermanos más. Los horizontes son impresionantes, podemos ir logrando poco a poco ese cielo en la tierra, pero, para ello tenemos que seguir acotando el influjo del mal, de esos políticos sin escrúpulos, de esas leyes inhumanas, de esas personas inmorales y… para qué seguir, ya me entendéis.

 

- Mikel se anima, imaginando lo que para él era un misterio, una profecía sin desvelar, un enigma. Piensa que todo concuerda, que el destino de este mundo no tiene otro camino si superamos la autodestrucción. - Tengo la esperanza de que nuestra lucha dé sus frutos y logremos frenar el mal que nos destruye, que por fin la gente de bien con sus acciones logren ahogarlo. Dios está en nosotros, en cada uno, justo o pecador, es la fuerza que nos impulsa a buscar nuestra purificación, a ceder en nuestro bienestar acomodado de la cultura occidental a favor de los que nada tienen, de los que necesitan nuestro apoyo, a desprendernos de lacras que de nada sirven, a buscar el espíritu, una nueva vida.

 

Llegarán tiempos en que la humanidad entera será como una gran familia, unida en la fraternidad de hermanos que no distinguen razas, naciones ni credos, unidos todos por el amor a un mismo Dios Padre y Madre, con la esperanza puesta en Él. Ese será el signo de que los tiempos apocalípticos habrán terminado, y con ello, toda persona habrá sido juzgada digna o indigna de la Vida. Solo quedarán remordimientos para algunos, felicidad que sacia sin saciar, para otros.

 

- La realidad, Mikel, a veces supera la fantasía, - le respondo - y cuando se trata de Dios, de su promesa de salvación, interviniendo para librar a los hombres del mal, nuestra fantasía no llega ni a percibir una simple brisa del huracán divino. Con el apoyo en esta fuerza cósmica, la justicia se puede implantar en todo el orbe. Seria un anticipo del devenir definitivo, convincente y atrayente, sencillo y simple, entrañable y divino: el bien y la justicia se instalarán en este mundo, el mal quedará amordazado hasta el final, hasta su definitiva caída al abismo. Es un sueño, Mikel y Sara, pero el ser humano tiene los medios para conseguirlo, tiene a Dios consigo, esperando el abrazo de todos los "hijos pródigos" y... alcanzar la luna con nuestras manos... solo hay que pedirlo.

 

- ¿Llegará entonces la paz a este mundo maltrecho, la anhelada paz?, - pregunta Sara, y sin esperar respuesta continúa - entonces toda la humanidad levantará la vista hacia el Creador con un único corazón agradecido, y Dios verá llegado el momento de cumplir su promesa, y cerrará el telón de la escena final de este mundo para volver a abrirlo, con un mundo nuevo y definitivo: la morada de los Esposos, Cristo y su Iglesia.

 

- Estoy temblando, Sara - dice Mikel sin creer lo que oye - ¿Pero es posible que llegue este momento?

 

- Dios lo ha puesto en nuestras manos. - le respondo - La libertad del hombre es la única barrera que Dios no quiere rebasar para seguir actuando en el mundo. De nosotros depende exclusivamente.

 

- Mikel, - le dice Sara cariñosamente - ojalá nuestros deseos se vean cumplidos. Hoy ha sido un día muy especial. Creo que debemos ir a descansar con este dulce sabor en el paladar. No sé si podremos conciliar el sueño, pero en ese caso no será por angustia vital, será de esperanza cierta en el Todopoderoso, y esperanza en que la humanidad recobre la serenidad y la cordura, entonces, todo sucederá para nuestro gozo.

 

- Buenas noches, Sara y Emilio, el día de hoy ha sido un placer gracias a vuestra amabilidad. Repetiremos otro coloquio cuando hayamos asimilado todo esto.

 

- Buenas noches, Mikel.