CAPÍTULO.9Últimas trompetas9.1 Tocó la trompeta el quinto ángel. Entonces vi una estrella del cielo caída en la tierra y se le dio la llave del pozo del abismo. - Satanás cae del cielo hacia el abismo de las profundidades, y se le dio poder sobre los hombres, poder limitado y por un tiempo. Al final volverá a los abismos ya que Cristo ha vencido definitivamente el mal. - Parece que Mikel domina este texto. Sorprendente. - Me susurra - Silencio, los comentarios en voz alta. - Asentimos. 9.2 Abrió el pozo del abismo, y subió del pozo una humareda como la de un gran horno. Se oscurecieron el sol y el aire por la humareda del pozo. 9.3 De la humareda saltaron a la tierra langostas, a las que se les dio un poder como el que tienen los escorpiones. 9.4 Se les dijo que no hiciesen daño a la hierba de la tierra ni a nada verde, ni a ningún árbol, sino sólo a los hombres que no tuvieran en la frente el sello de Dios. 9.5 Y se les dio poder no para matarlos sino para atormentarlos durante cinco meses. Su tormento es como el tormento del escorpión cuando pica a un hombre. 9.6 En aquellos días los hombres buscarán la muerte y no la encontrarán; desearán morir pero la muerte huirá de ellos. - El daño es terrible, el hombre desea morir pero no se le permite, tiene que soportar el mal durante un tiempo afortunadamente limitado. 9.7 El aspecto de las langostas se parecía al de caballos dispuestos para el combate. Sobre las cabezas tenían una especie de coronas que parecían de oro y sus rostros eran como rostros humanos. 9.8 Tenían cabellos como los de las mujeres, y sus dientes eran como los de los leones. 9.9 También tenían corazas, semejantes a corazas de hierro, y el ruido de sus alas era como el estruendo de carros de muchos caballos corriendo al combate. 9.10 Tenían además colas con aguijones como los escorpiones, y en las colas el poder de dañar a los hombres durante cinco meses. 9.11 Tienen por rey al ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abaddón y en griego Apolíon. 9.12 El primer ¡ay! ha pasado. Mira, después de esto, vienen todavía otros dos ayes. - La descripción de los demonios es terrorífica: guerreros inteligentes, crueles y fuertemente armados. Las hordas del mal en su pura esencia, del lado oscuro, del poder de las tinieblas, al mas puro estilo de novelas de terror…, prefiero pensar en una descripción irreal… - Susurra Mikel, como si no quisiera leer… - Es terrorífico, efectivamente, pero el hagiógrafo nos quiere hacer ver la maldad del pecado, que nos pone bajo los dominios del Ángel caído, que por haber sido ángel es más temible su odio. - Sigo opinando que aquí hay mucha fantasía. A vosotros os va, pero yo creo que Dios no pudo decírselo así a San Juan. - comenta - 9.13 Tocó la trompeta el sexto ángel. Y entonces oí una voz, procedente de los cuernos del altar de oro que están ante Dios, 9.14 que decía al sexto ángel que tenía la trompeta: -Desata a los cuatro ángeles que están atados junto al gran río Éufrates. 9.15 Y fueron desatados los cuatro ángeles, preparados para la hora, el día, el mes y el año en el que iban a matar a un tercio de los hombres. 9.16 El número de la tropa de caballería era de doscientos millones. Yo oí su número. 9.17 Y así vi en la visión a los caballos y a los que los montaban: llevaban corazas de fuego, de jacinto y de azufre. Las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones, y de sus bocas salía fuego, humo y azufre. 9.18 A causa de estas tres plagas murió una tercera parte de los hombres, por el fuego, el humo y el azufre que salía de sus bocas, 9.19 pues el poder de los caballos está en sus bocas y en sus colas, ya que sus colas, igual que serpientes, tienen cabezas y con ellas hieren. - Dios hace justicia exterminando parte de la humanidad, dando a los demás hombres oportunidad de arrepentirse. Aquí se percibe la magnitud del mal a tenor del número de seres monstruosos…. - Mikel, con aire abatido sigue leyendo: 9.20 Los demás hombres, los que no murieron en estas plagas, ni se arrepintieron de las obras de sus manos -dejando de adorar a los demonios y "a los ídolos de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, que no "pueden" ver, ni oír, ni caminar"-, 9.21 tampoco se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus robos. - Dios, a través de estos males busca mover a los hombres a la conversión, pero su obstinación es grande y al apartarse de Dios, quedan sometidos a las fuerzas del mal que lo empujan a toda clase de perversiones. - El objetivo prioritario de Satanás y sus seguidores, es extender el descreimiento en Dios, sustituyéndolo por otros dioses mundanos (el placer, el dinero, el poder...), utilizando para ello las pasiones de la carne, que activan a su antojo, con los frutos de la siembra que hacen y han hecho a lo largo de los siglos: corrupción, materialismo, odios, perversiones, y maldades de todo tipo. ¡Qué fácil es caer en sus seducciones y qué difícil volver si no rectificamos con prontitud! El camino del infierno es ya un infierno. Las pasiones no nos concederán descanso. Su baza más eficaz es nuestra imaginación; nos susurra tentadoramente placeres, ambiciones, adulaciones, oportunidades “que debemos aprovechar”, derechos “que debemos ejercer” en la comodidad, en el capricho: ¿por qué no te lo vas a dar?, ¡ya te sacrificas bastante!, una canita al aire ¡¡¡tienes derecho!!! De forma muy sutil, ataca nuestro "ego", la soberbia: "demuestra que eres mejor, más inteligente, más hábil"; cuando uno empieza a aflojar, te tranquiliza, ¡no pasa nada! ¿Esta minucia te incomoda? Así, nos va desarmando y estamos perdidos si dialogamos con la tentación, siempre encuentra razonamientos persuasivos y nuestra imaginación se los cree. - Es una lucha encarnizada. - me dice - Si, pero tenemos ayuda para vencer. El Espíritu Santo nos habla en lo más íntimo del corazón entregándonos sus dones: nos fortalece en la lucha, fecunda el alma de quien sabe escucharle con humildad, produce frutos aromáticos de entrega a Dios, de caridad con nuestros hermanos, de superación del mal con sobreabundancia de bien, aroma purificador que hace este mundo más agradable a los ojos del Creador.
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