CAPÍTULO.18

Anuncio de la caída de Babilonia

 

 

18.1  Después de esto vi a otro ángel que bajaba del cielo, con gran poder, y la tierra quedó iluminada con su claridad.

 

18.2  Y gritó con fuerte voz: -Cayó, cayó la gran Babilonia y se convirtió en morada de demonios, en guarida de todo espíritu impuro y en refugio de toda bestia inmunda y odiosa,

 

- Se contempla la caída y ruina de Roma, y de todas las civilizaciones que han seguido y siguen su camino de corrupción y desprecio de Dios, según el uso profético de vaticinar un acontecimiento futuro como si hubiera ocurrido. El infierno es destino de estas generaciones perdidas para Dios y su gloria del Cielo, que no han corregido sus pasos. Es destino de quien ha vendido su libertad al maligno viviendo alejado de Dios una vida en la que piensa creer, sin darse cuenta que ha elegido para siempre. 

 

- No seas dramático, Mikel, - le contesta Sara -  hasta que no llega la muerte en la tierra, uno siempre tiene camino de retorno, por difícil que parezca.

 

- Eso he querido expresar. Hablo del infierno como destino de los que mueren en la obstinación en el pecado, apartados de Dios. Han elegido, es como cuando uno deposita el voto en una urna, ha pasado el tiempo de reflexión y ya ha votado. Si me permitís, puedo contar una fábula, a mi parecer, bastante realista:

 

Cuentan de una persona que cansada de luchar en esta vida contra las asechanzas del maligno, y queriendo asegurarse la felicidad en la otra vida y la tranquilidad en esta, decidió negociar con el demonio ambas cosas.

 

 Comprendo, señor Satanás su empeño en mi condenación y su hostigamiento diario en cosas menudas y menos menudas a fin de lograr tal objetivo. Quisiera resolver este asunto de una manera razonable, habida cuenta de que a usted le vendría bien más sosiego y a mi menos puñeterías. Le propongo una solución democrática: muéstreme una imagen del infierno y otra del cielo. Yo por mi parte tomo el tiempo de esta vida para reflexionar donde ir y usted respeta mi elección.

 

Dicho y hecho, Satán, hábil político, confeccionó con cuidado ambas imágenes y se las mostró: Infierno: campos de golf, relax, playas, diablillos encantadores, fiestas, buena comida y bebida... Cielo: angelitos muy angelicales, cantando y volando de nube en nube.

 

Esta persona pasó una vida tranquila, sin que el demonio la incordiara para nada. Al finalizar el tiempo de reflexión, se fue a la otra vida: ¿Que has decidido? le pregunta Satán. Me ha parecido más atractivo el infierno. Contesta.

 

Los demonios llenos de júbilo se lo llevan, y una vez dentro el panorama cambia radicalmente: trabajos forzados, látigo... los demonios amables se habían convertido en monstruos despiadados...  

 

¡¡¡Esto no era así, me has engañado!!!  Protesta airado, a lo que es respondido por Satanás: Habíamos acordado una solución democrática, yo he hecho mi campaña, tú has tenido tu día de reflexión y ahora YA HAS VOTADO.

 

- Muy astuto el diablejo, - le dice Sara - pero, ¿tu crees que los humanos somos tan tontos?

 

- A veces pienso que sí.

 

- Vale, -interrumpo yo - ¿os parece que continuemos?

 

18.3  ¡porque todas las naciones bebieron del vino del furor de su lujuria, los reyes de la tierra han fornicado con ella, y con su desenfrenado lujo se han enriquecido los mercaderes de la tierra-.

 

18.4  Y oí otra voz del cielo que decía: -Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis cómplices de sus pecados ni participéis de sus castigos-.

 

- Queremos salir, pero la corriente nos arrastra. Queremos ir contra corriente, porque si no, a la primera de cambio nos arrebatará del camino que recorremos con Jesús, sustituyéndolo por otro a la medida de nuestra falta de lucha ante las dificultades, de nuestra flojera, de nuestra comodidad, camino que sabemos incierto, ignorando a donde nos lleva.

 

- No te engañes, Mikel, ese camino fluye hacia los dominios del mal. Es necesaria la lucha, la lucha sin descanso, pues…, la bestia nunca descansa.

 

18.5  Porque sus pecados llegaron hasta el cielo y se acordó Dios de sus iniquidades.

 

- El amontonamiento de pecados hasta el cielo recuerda la torre de Babel. Hoy esta imagen grafica se cumple por la pérdida del sentido de pecado en muchísimas personas, que por desgracia no verán la Gloria de Dios, pues no son dignos al estar desposeídos de la vestidura blanca que simboliza la pureza de corazón.

 

- De todas formas, Mikel, - le indica Sara - si nuestro pecado no es grave obstinación, sino dejadez, pereza…, y a juicio de Dios puede ser purificado después de la muerte, tenemos el tan denostado purgatorio. Muchos se ríen de su existencia, pero entiendo que es un lugar de purificación en el sufrimiento y de gozo porque al final se entrará en la Gloria de Dios para siempre.

 

- Es una prueba más de que Dios quiere que el hombre se salve, y hace todo lo indecible para conseguirlo. - Termino y seguimos leyendo.

 

18.6  Devolved con arreglo a lo que ella dio; pagadle el doble de lo que merecen sus obras; y en la copa que os preparó, preparadle el doble.

 

18.7  Tanto como se jactó y se entregó a los placeres, dadle eso mismo en tormento y llanto, porque dice en su corazón: «Estoy sentada como una reina, no soy viuda y jamás veré el llanto».

 

18.8  Por eso en un solo día llegarán sus plagas, la muerte, el llanto y el hambre, y será quemada con fuego, porque poderoso es el Señor Dios que la ha juzgado.

 

18.9  Entonces los reyes de la tierra que fornicaron y se entregaron a los placeres con ella, cuando vean el humo de su incendio, llorarán y se lamentarán por ella.

 

18.10  Se alejarán de ella por el miedo a sus tormentos, y dirán: «¡Ay, ay de la gran ciudad, Babilonia, la ciudad fuerte: en una sola hora ha llegado tu condena!»

 

18.11  Los comerciantes de la tierra lloran y gimen por ella, porque ya nadie compra sus mercancías:

 

18.12  ni oro, plata, piedras preciosas o perlas; ni lino, púrpura, seda o escarlata; toda madera olorosa, todo objeto de marfil y todos los enseres de madera preciosa, de bronce, de hierro y mármol;

 

18.13  canela, especias aromáticas y perfumes, mirra, incienso; vino, aceite, flor de harina y trigo; bestias de carga, ovejas, caballos y carros; esclavos y vidas humanas.

 

18.14  Todos los frutos que tu alma apetecía se apartaron de ti, y todo lo rico y espléndido pereció para ti, y jamás lo volverás a encontrar.

 

18.15  Los traficantes en estos negocios, que se habían enriquecido a costa de ella, se mantendrán lejos por miedo a sus tormentos, y, llorando y gimiendo,

 

18.16 dirán: «¡Ay, ay de la gran ciudad, la que vestía de lino, púrpura y escarlata, adornada con oro, piedras preciosas y perlas:

 

18.17  en una sola hora han sido arrasadas tantas riquezas!» Todos los pilotos y todos los navegantes, los marineros y cuantos bregan en la mar se quedaron lejos,

 

18.18  y gritaban al ver el humo de su incendio: «¿Quién igualaba a la gran ciudad?»

 

18.19  Echaron polvo sobre sus cabezas y gritaron llorando y gimiendo: «¡Ay, ay de la gran ciudad, con cuya opulencia se enriquecieron todos los armadores de barcos: en una sola hora ha sido arrasada!»

 

18.20  Alégrate por ella, ¡oh cielo!, y los santos, los apóstoles y los profetas, porque Dios ha confirmado vuestra sentencia contra ella.

 

- Entre los pecados, causa de su ruina, figura el lujo desenfrenado. Una situación así conduce a la degradación y autodestrucción de una sociedad, como puede observarse en la historia de las civilizaciones y en nuestros días: el afán de bienes materiales y de poder sobre los demás. La falta de reflexión, la inmoderada ansia febril hacia las cosas terrenales: riquezas, placeres…, que no permiten levantar la vista hacia lo eterno. Y cuando acostumbramos nuestro cuerpo al capricho y a la comodidad, si nos convencemos de que hay que dar un golpe de timón, ¿que difícil es someterlo a nuestra voluntad? Se revela, exige sus derechos, nos traiciona, soborna a la imaginación con fantasías... absurdas. En fin, le hemos intoxicado de placeres y vicios superfluos y..., no tenemos más que preguntar a quien pretende dejar de fumar, desengancharse de adicciones… ¡¡Es la guerra!!

 

- Grandes torres han caído, y cuando nos dejamos seducir por su hermosura, somos atraídos irremisiblemente. Deslizamos como por un plano inclinado, poco a poco, nos vamos sometiendo a su voluntad, nos hipnotiza, sentimos una gran felicidad, imaginaria porque nuestra sensibilidad se muere. Cuando la gran torre se derrumba nos arrastra en su ruina, y llega a ser nuestra ruina….

 

- Que dramático te pones, Emilio, - interrumpe Sara mi fluido verbal - es más interesante la lectura, es más poética.

 

18.21  Un ángel poderoso levantó una piedra como una gran muela de molino y la arrojó al mar diciendo: -Con tal ímpetu será arrojada Babilonia, la gran ciudad, y ya nunca más se la encontrará.

 

18.22  La música de los citaristas y de los cantores, de los flautistas y la de los que tocan la trompeta ya no se oirá más en ti. Ningún artesano de ningún oficio se encontrará en ti jamás, ni el rumor de la muela del molino se oirá nunca en ti.

 

18.23  No lucirá jamás en ti la luz de la lámpara, ni se oirá ya más la voz del esposo y de la esposa, porque tus mercaderes eran los magnates de la tierra, y todas las gentes se extraviaron con tus hechicerías-.

 

18.24  Y en ella se encontró la sangre de los profetas y de los santos, y de todos los inmolados en la tierra.

 

- Todos estos castigos son inminentes, y a la vez se han realizado. Todo lo que simboliza Roma será destruido, ha sido destruido. Todo el materialismo atroz que asola nuestra época será destruido, ha sido destruido. Ha quedado sumido en una oscuridad sepulcral. - silencio.