CAPÍTULO.16

Las siete copas con las siete plagas

 

 

16.1  Oí una fuerte voz, procedente del templo, que decía a los siete ángeles: Id a verter sobre la tierra las siete copas de la ira de Dios.

 

- Las imágenes se inspiran en las plagas de Egipto. Dios no causa directamente los males, los permite, esperando la conversión de los hombres. Los males son fruto del pecado y la ira de Dios se manifiesta precisamente entregando a los hombres a las apetencias de sus corazones idólatras. A medida que avanza la historia de la humanidad, va creciendo la manifestación del pecado, cuyo efecto son las nuevas plagas que aparecen en el mundo de hoy y nos van acercando a la séptima y última plaga. Basta pensar el la carrera armamentística con el peligro de una autodestrucción nuclear, las extensas regiones del planeta marcadas por la indigencia y el hambre que llevan a la muerte, pensar que se quita la vida a seres humanos antes de nacer, recién nacidos o antes de que lleguen a la muerte natural; pensar en el exterminios de pueblos con cultura diferente, en genocidios, en la destrucción del medio ambiente que acelera un cambio climático impredecible, en nuevas enfermedades provenientes de la desnaturalización humana, en el debilitamiento de nuestra naturaleza como consecuencia de la “sociedad del bienestar”, en la manipulación genética de embriones…. Todo esto además de la ola de corrupción moral a todos los niveles, sutilmente destructiva con el hombre. ¿No son las nuevas plagas de nuestros días?

 

- Eso creo yo, Mikel, - intervengo - estamos mediatizados pensando en que muchas de estas cuestiones no acarrean consecuencias negativas para nosotros, pero ignoramos a las personas que sufren por nuestra causa, como consecuencia de nuestra actitud. Ignoramos la cantidad de personas a las que no damos la oportunidad de nacer, personas que existen y están en el pensamiento de Dios desde la eternidad. Pensamos en personas que no son acreedores de unos medios mínimos de subsistencia porque nosotros se lo impedimos. Dios da a todos sin distinción estos medios gratuitamente, son “nuestro pan de cada día”, lo que le pedimos en nuestra oración. Pero el hombre a veces redistribuye injustamente lo que gratuitamente hemos recibido cada uno. Acapara estos bienes, y crea una sociedad que no permite a muchos llegas a obtener ni el mínimo alimento necesario ni el cobijo diario que Dios les dona. Se nos roban basándose en criterios de pensamiento único y economicista, consecuencia de un liberalismo y un relativismo moral inhumanos. Más de mil millones de personas en el mundo viven en la pobreza, cuando hay suficiente producción, trabajo, alimentos y bienes para todos; con ello se pisotea nuestra dignidad, se desprecian nuestros valores, y en definitiva se nos priva de lo necesario para existir como personas. ¿No es esto una terrible plaga de nuestros tiempos?

 

- El liberalismo no nos libera, Emilio, más bien, nos oprime; no busca el bien de todos, sino el de unos pocos a costa de otros. Competir en vez de compartir, es otra "lucha de clases", más insidiosa que la anterior, puesto que nos vende libertad enmascarada en materialismo y consumismo, nos hace adictos y después nos vende la droga, convierten nuestras entrañables fiestas de Navidad en pura mercadería y consumo, con el único fin de engrosar los bolsillos de mafiosos, corruptos, ávidos de poder, de gloria y dominio, que todo lo controlan y someten, poseedores de los bienes materiales de este mundo -los espirituales son usados hipócritamente para sus fines-, bienes que reparten a su antojo, a los de su cuerda, pero solo migajas para tenerlos comprados, porque a los demás ni siquiera eso.

 

- El mal ha penetrado en muchos corazones, - interviene Sara para suavizar el tema, de por sí escabroso, denuncia abierta de la corrupción - porque ha encontrado en ellos un lugar en el que anidar, una complicidad. Si en estos corazones habitaba el mismo Dios, ha sido arrojado de allí, Dios no interesa. También puede ocurrir que el sufrimiento les haya vuelto agrios o malos, porque su corazón estaba vacío: vacío de fe, de esperanza y de amor.

 

- Hoy no es necesario que Dios extienda por el mundo estas plagas, Sara, los hombres que secundan a la bestia se ocupan de esa tarea.

 

- Si, por desgracia. Tenemos que recuperar la moral perdida, elevar nuestra dignidad como personas, respetar los valores impresos en el hombre como criatura de Dios. No menospreciarlos ni invertirlos. O colaboramos con la naturaleza de las cosas y vamos en la misma dirección, o nos destruimos.

 

- Bueno, Sara, vamos a tener esperanza. ¿Seguimos?

 

16.2  Marchó el primero, vertió sobre la tierra su copa, y sobrevino una llaga maligna y perniciosa a los hombres que tenían la marca de la bestia y a los que habían adorado su imagen.

 

16.3  El segundo vertió su copa en el mar, que se convirtió en sangre como de muerto, y todos los seres vivos del mar murieron.

 

16.4  El tercero vertió su copa en los ríos y en las fuentes de las aguas, que se convirtieron en sangre.

 

16.5  Entonces oí al ángel de las aguas que decía: «Justo eres Tú, el que es y el que era, el Santo, porque has juzgado de esta forma,

 

16.6  porque a los que derramaron la sangre de los santos y profetas les has dado a beber sangre. Se lo merecen».

 

16.7  Y oí al altar que decía: «Sí, Señor Dios Todopoderoso, verdaderos y justos son tus juicios».

 

16.8  El cuarto vertió su copa sobre el sol y se le permitió abrasar a los hombres con fuego.

 

16.9  Fueron abrasados los hombres con un gran ardor, y blasfemaron contra el nombre de Dios, que tiene la potestad sobre aquellas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria.

 

- ¿Veis?, los mismos elementos de la naturaleza se vuelven contra el hombre. La naturaleza creada y los adoradores de Dios reconocen la justicia del castigo. - Nos dice Mikel.

 

16.10  El quinto vertió su copa sobre el trono de la bestia, y su reino quedó en tinieblas y se mordían las lenguas de dolor.

 

- La bestia es la misma “estrella del cielo caída en la tierra”, recluida en las profundidades del abismo, cuya aparición comienza a narrarse en el toque de la quinta trompeta. Convierte la vida humana en un sinsentido que lleva al hombre a la desesperación. Cuando el hombre quiere liberarse de la ley moral y hacerse independiente de Dios, lejos de conquistar la libertad, la destruye, pues al escapar del alcance de la verdad, viene a ser presa de la arbitrariedad; entre los hombres, las relaciones fraternas se han abolido para dar paso al terror, al odio y al miedo.

 

- Es terrible, - pronuncia Sara - no me imaginaba la fuerza dramática de estos textos, tan… expresivos de una dura realidad…

 

16.11  Blasfemaron contra el Dios del cielo a causa de su dolor y de sus llagas, pero no se arrepintieron de sus obras.

 

16.12  El sexto vertió su copa sobre el gran río Éufrates y se secaron sus aguas, de modo que quedó preparado el camino a los reyes del oriente.

 

16.13  Entonces vi tres espíritus impuros como ranas que salían de la boca del dragón, de la boca de la bestia y de la boca del falso profeta.

 

16.14  Son espíritus demoníacos que hacen prodigios y se dirigen a los reyes de todo el orbe, con el propósito de reunirlos para la batalla del gran día del Dios omnipotente.

 

16.15  Mirad que vengo como un ladrón. Bienaventurado el que esté vigilante y guarde sus vestidos, para no andar desnudo y que le vean sus vergüenzas.

 

16.16  Y los reunió en el lugar que se llama en hebreo Harmagedón.

 

- La congregación de los reyes de la tierra representa el momento culminante de la victoria final de Cristo, que ocurrirá después de ser derramada la séptima copa. Se profetiza también en el Salmo 2: “Se han alzado los reyes de la tierra, y se han reunido los príncipes contra el Señor y su Cristo….Los regirá con vara de hierro y como a vaso de alfarero los romperá”. Pero no se sabe cuando ocurrirá. Cristo así lo ha predicho, solo el Padre sabe el día y la hora, “pero estad preparados no sea que llegue el momento y os coja desprevenidos”.

 

- Son momentos terribles, es la prueba final. - se lamenta Sara - Se puede resumir la historia de la humanidad como la lucha entre dos amores: el amor a Dios Creador hasta llegar a la renuncia a uno mismo y el amor a uno mismo hasta llegar a la negación de Dios, como decía San Agustín. Esa opción hace a las personas tomar postura de parte de Dios o de parte del mal, y al final, la gran batalla entre los bandos, con la victoria anunciada del bien y su Cristo, victoria conseguida en la Cruz redentora.

 

- Un resumen cierto y justo final. - Concluyo y me pongo a leer.

 

16.17  El séptimo vertió su copa en el aire, y salió del templo, desde el trono, una voz que decía: -¡Ya está hecho!

 

16.18  Hubo relámpagos, estampidos de truenos, y se produjo un gran terremoto como nunca existió desde que hay hombres sobre la tierra: ¡tan grande fue el terremoto!

 

16.19  La gran ciudad se partió en tres trozos, y las ciudades de las naciones se derrumbaron. La gran Babilonia fue recordada ante Dios para darle a beber la copa del vino del furor de su ira.

 

16.20  Todas las islas desaparecieron y de los montes no se encontró rastro.

 

16.21  Y un pedrisco con granizos como de un talento de peso cayó del cielo sobre los hombres, que prorrumpieron en blasfemias contra Dios por el azote del granizo: ¡era una plaga tremenda!

 

- Justo castigo a los instalados en la “cultura de la muerte”.  Ponen obstáculos a la vida que fluye de las manos de Dios, como un torrente, les parece un despilfarro. Su egoísmo les lleva a no preocuparse de los demás, Dios les estorba, este mundo es solo para ellos, como si fueran inmortales. Piensan que eso lo solucionará la ciencia en poco tiempo, algunos se hacen congelar antes de que les venga la muerte para cuando llegue ese momento triunfal de la ciencia (vencer a la muerte) y de la humanidad (la muerte de Dios). Están cambiando los valores eternos por unos ridículos planteamientos de personas ciegas ante la realidad, cegadas por lo banal. Pertenecen a la cultura de la muerte porque todo lo suyo es corrupto, efímero, superficial, despreciativo hacia valores humanos tradicionales, hacia la religiosidad, y no solo mueren ellos a la vida, sino que arrastran a otros muchos, negándosela, impidiendo que puedan vivirla con dignidad o suprimiéndola si les estorba. El mal hace estragos en esta sociedad llamada del bienestar.

 

- De acuerdo, Mikel, pero a esta cultura se opone la “cultura de la vida” -comento - y de nosotros depende que se instaure en este mundo, porque estamos viendo las consecuencias de los odios, los egoísmos, las guerras..., tenemos que cambiar el mundo, y para ello no valen soluciones a medias:

¿Como se puede prevenir el aborto si no se enseña a amar la vida naciente, prestando todo el apoyo necesario?

¿Cono se puede prevenir el sida si no se enseña el uso correcto de nuestro cuerpo, destinado a amar junto con el alma, y no solo destinado al placer?

¿Como se pueden evitar las emigraciones masivas si no se presta la ayuda necesaria para vivir con dignidad en los países de origen?

¿Cómo ha podido operarse tan desconcertante cambio en la mentalidad humana, de modo que la alegría en la acogida de la vida nueva se transforme en desconfianza, en temor, hasta la decisión de eliminar al concebido como si fuera un injusto agresor?

Esta y otras muchas preguntas nos tendríamos que hacer ante posturas llenas de cinismo que abundan en la sociedad actual. Quizás la salvación del mundo occidental esté en los países llamados del tercer mundo. La ciencia y la tecnología nos han llevado al empobrecimiento humano, a una cultura egoísta que ataca directamente a la vida que no interesa para sus fines: el no nacido, el pobre, el deficiente, el enfermo, el anciano, el desheredado de este mundo..., y precisamente son ellos los que atesoran una reserva de valores que se están perdiendo, porque tampoco interesan.

 

- Solidaridad; - responde Sara - "el tiempo apremia", como dice San Pablo, necesitamos avanzar hacia un mundo solidario, por el bien de la humanidad, entre personas habitantes de nuestra única patria “la Tierra”, entre creencias, culturas y costumbres enriquecedoras, desterrando lo malo que pueda existir, desterrando fanatismos (y fanatismos religiosos) que engendran violencia, reconociendo nuestra dignidad como seres humanos con los mismos derechos, iguales ante Dios y ante los hombres, respetando las diferencias, las distintas opiniones. Necesitamos políticas que eviten los dramas humanos, haciendo crecer el espíritu, la cultura, el humanismo, que ayuden al débil, al necesitado, al pobre, al enfermo, al anciano…, a llevar una vida digna. Tenemos los medios humanos (inmejorables), los medios técnicos, los medios científicos, la capacidad de organización y de trabajo, la ayuda de Dios. Así, el entendimiento entre distintas maneras de ver la vida, es posible desde el respeto, la comprensión y el dialogo constructivo.

 

- Muy bonito, Sara, - interviene Mikel - la mejor forma de resolver conflictos es hacerlo desde el amor y desde el perdón, y ¿Qué estamento social o político está dispuesto a aplicar esta verdad tan clara para nosotros?

 

- Se produce un silencio y continuamos.